STATEMENT 
Mi manera de trabajar es generalmente a través de series que ordenan mi pensamiento.
En muchos casos baso mi trabajo en la lectura; esto me ayuda a ordenar y acomodar el pensamiento sin que las ideas se agolpen en mi mente y luego salgan de manera confusa. A veces tomo varios libros de un mismo autor, otras veces simplemente leo y acomodo caprichosamente  las ideas en un mismo concepto.
Tomo libros de poesía o historias con personajes que me inspiran. Entro durante un periodo de tiempo en mi vida en un mundo de fantasía, en donde puedo pensar de maneras diferentes cada vez; sentirme poseída por otro, o por alguna pasión.
Estoy siempre en un proceso, antes pensaba que eso era tremendo, que alguna vez debía definir algo y establecerme en ello, pero no lo logré nunca. Hoy creo que uno siempre está en un proceso, a veces relacionado con la búsqueda del cambio y otras con la búsqueda de la perfección.
Me gusta pasar mucho tiempo con mis pinturas. No pinto ni dibujo rápido. Siento que ahora todo es breve, rápido, concreto. Como si luego el tiempo lo usáramos para algo mas interesante y luego ese tiempo volvemos a optimizarlo para usarlo en algo aun más interesante, y así hasta el infinito, y al final pocas cosas tienen sentido profundo. Me gusta explorar mi discurso. Finalmente es mi palabra. Necesito verlo. Recorrerlo. Conocerlo. Desmenuzarlo pieza por pieza, objeto por objeto, color por color.
La naturaleza y sus reglas . La naturaleza y los seres humanos . Los seres humanos y sus reglas . La naturaleza de las normas humanas , los seres humanos con las reglas de la naturaleza. La naturaleza va más allá de nuestra comprensión . No sólo la hoja del árbol cae a pesar de que no lo vemos . Pero muchas otras cosas suceden porque no estamos viendo.


Serie Bosques (2013)
En la búsqueda del “momento preciso del movimiento de la naturaleza” y cómo se va abriendo paso en la imagen con la poesía Haiku como motor e inspiración, la imagen va de a poco convirtiéndose en ese impulso y en esa mirada contemplativa de este tipo de poesía.   El impulso y la inmediatez del destello que ilumina una escena, llega a su término y a su definición.
En los Bosques, pierdo la estructura primordial del árbol, dejándome llevar por el ritmo visual de un espacio de naturaleza.
Siguiendo por los Destellos, reencontrándome con las figuras de los árboles, pero ya dentro de un espacio de fantasía abstracta.


HaikuUn destello que ilumina una escena (2013)
 
 Está el ruido. El ruido de la calle, de las avenidas, las bocinas, la gente. Está también el ruido de adentro: el de los párpados, el del estómago, el de la mente. El ruido que no permite conectar con el deseo.
 
Alguien que amo, que vive rodeada de viento y de montañas me dijo, “andá a un parque, sacate los zapatos y abrazá un árbol”. Claro que no lo hice; llevo todas mis inhibiciones y vergüenzas a cuestas. Entonces,  como puedo, sólo por querer hacerlo, planto en papeles mis propios árboles. Árboles frondosos, pelados, amuchados, en montañas, floridos, fantasiosos, libres y tensos, con raíces que suben, que queman el viento.
 Me gusta tomar cosas de la literatura para sumar a mis obras. Se dirá que no es necesario explicar la imagen con una palabra; y no es mi idea. La poesía haiku no explica, describe. El haiku intenta describir un evento específico, un momento preciso del movimiento de la naturaleza. Y eso intenté con mis dibujos, describir una escena que se ilumina con el destello de la paz y la tranquilidad. Detener la mirada en lo más pequeño, lo más sutil del movimiento de las hojas, de los insectos que viven en ellas, de la tierra que ensucia después de la lluvia, en un segmento de un segundo en el que todo se detiene y se comprende ¡Y luego se va!
Aquí me detengo y, como la naturaleza toda, trato de mezclarme con mi hábitat, me nutro y me aferro a el; echo raíces en mi ciudad ruidosa, en mi familia con agallas, en mis amigos siempre presentes,  en mi historia sencilla, y sobre todo en un amor. Echo raíces en mi mente, y voy a intentar que vayan tan profundo hasta donde el ruido no se escuche. Para no olvidarme de eso nunca, son mis árboles mis destellos.

 

 
Sabrina Passalía presenta obras de tres series recientes de pinturas desarrolladas entre los años 2007 y 2009. La primera de ellas, inspirada en la obra del Marqués de Sade, remite a la naturaleza humana y sus leyes. Ambos hablan de un Hombre en el que se juegan los aspectos más oscuros y a la vez los más elevados, dando así lugar a lo Sublime dentro de cada uno. Dicho trabajo cede el paso a un conjunto de retratos en los que la propia artista sublima el amor y el odio que mujeres de su propia vida le despiertan… ellas le recuerdan sus propios límites al tiempo que la inspiran al cambio, a ir más allá. Todo esto deriva finalmente en Las reglas del juego, una serie en proceso que, aun cuando en algunos casos remite específicamente a juegos, en realidad refiere a esos juegos de roles instaurados en la vida real, en la familia, la pareja, la sociedad.

Al recorrer estos trabajos, estos diferentes momentos en la obra de la artista, podemos detectar y hasta casi sentir una línea de base que los subyace y unifica. Cada una de las series refleja el particular modo de la propia Sabrina de abordar la naturaleza del hombre y cómo la complejidad de la misma se manifiesta en el quehacer cotidiano de los mortales.
Con tintes metafísicos y reminiscencias de épocas de grandes logias y ritos, su trabajo se torna actual en la medida que da un encuadre a situaciones que aún nos afectan: cómo nos relacionamos con nuestro propio cuerpo, cómo nos relacionamos con el otro, los juegos de poder, las competencias subyacentes, la propia libertad.


Tan dilatada está hoy la relación con aquella naturaleza aludida por Sade y tan mediatizada la relación con el propio cuerpo y con el otro en el tiempo del ciberespacio que, al remitir al entretejido de lazos sociales establecido por cada uno, la artista nos refiere a ese entorno que en algún momento fue para él natural. Hoy el hombre ya no se rige por las leyes naturales sino por las sociales, ya no habita un universo natural, sino uno social. De esta manera se pone en evidencia hasta qué punto cada uno establece su propio “medio ambiente” (afectivo), al punto de tomarlo por algo dado y olvidando así que se trata de un entramado con sus propias reglas del juego o leyes, que es algo cultural. Es así como, al reflexionar sobre los fundamentos en los que se basan las relaciones de este espectro social, Sabrina pone bajo la lupa aquellas mismas leyes de la esencia humana que se manifestaban en la obra del Marqués.

A su vez, y también en concordancia con la obra del reconocido autor, aún cuando el tema principal en estas series son las relaciones entre los hombres, el cuerpo no deja de estar presente y, a través de él, la naturaleza. Hablamos de cuerpos que se desangran, de cuerpos deformes, de cuerpos golpeados, de cuerpos que desean y que son deseados. Hablamos de cuerpos en los que la naturaleza, justamente, está viva y se manifiesta.

Finalmente, no deja de haber un tono de denuncia en su trabajo, tal vez fomentado por lo oscuro de las paletas, lo formal de los escenarios, la rigidez de los rostros. Sin embargo, su obra no se agota en manifestar los aspectos más oscuros de nuestro ser: lo oscuro no llega a ser lúgubre, sino que se manifiesta como positivo desde el momento en que somos capaces de admitir su existencia e incorporarla como propia. Esto es así porque la artista no se asusta ante los pormenores de esa naturaleza innata, la reconoce sórdida y violenta al tiempo que abre la puerta para su sublimación en cada una de sus pinturas. Y lo hace de este modo porque sabe que es desde ese momento que el ser humano puede sentirse completo y llamarse libre.
Florencia Saba, curadora, 2009


Tres series, tres ángulos, tres maneras de abordar la vida. Muchos puntos de vista a veces concatenados, otras veces aleatorios. A veces parecidos y otras disímiles. Fantasías y realidades que componen la diversidad de una sola artista atravesada por su historia.

Sabrina Passalía (Bs As, 1978) plantea historia, presente y futuro en progresión. Monopoliza temas para convertirlos en elementos específicos de su lenguaje pictórico y en una clara intención de evitar el discurso. Desafiando las reglas de la psicología impuestas socialmente, esta serie de trabajos, esta síntesis de imágenes hace hincapié en la dimensión de lo real. 

Una colección de caras se congrega en torno al placer, al juego, a la oscuridad. Señales de invitación, de flirteo, de acción y reacción todas unidas y dispuestas a competir, como única premisa, con el amor. 

Los títulos de las obras, por su parte, afirman el proceso, una elección personal que confronta temores y los pone de manifiesto para sacarlos del terreno de lo ininteligible y convertirlos en cuestiones cotidianas. Y, aunque no se nos develen con nombre y apellido, sus muecas se contagian y sus instantes se perciben. Esta muestra plantea una ruta existencial, la unión de alma y el cuerpo en un espacio físico concreto. 


Natalia Licovich, periodista. 2009


Serie inspirada en la obra literaria de Donatien Aldonse Francoise Marqués de Sade y Lacoste.
 
Puesta a pensar en la vasta complejidad que presenta el Hombre, decido concentrarme en las preguntas básicas; aquellas que me permiten cuestionarme la realidad concreta y  metafísica del mismo, su belleza, su fealdad, sus virtudes, sus vicios: el sexo, la libertad, la vida y la muerte.
Sade es uno de los intelectuales más lúcidos, precisos, violentos y profundos del siglo XVIII. Que a lo largo de toda su obra no ha hecho más que desmenuzar los huesos del esqueleto de toda la arquitectura moral y biológica de la especie humana.
Basada en la lectura de sus obras, realizo  un estudio metódico, una forma de ver el mundo desde sus ojos  proyectando sus deseos y pensamientos (violentos deseos y feroces pensamientos). Desde su crítica a todo el orden humano establecido y utilizando la perversión, el sexo,  el poder, la lujuria y otros vicios, Sade desarrolla una impetuosa teoría sobre la Naturaleza (las obras llevan el nombre de las distintas acepciones de la palabra), no solo del hombre, sino del poder natural en general. Su intrínsico respeto y devoción al único e innegable factor que, para él, debiera ser el modelo único y principal a seguir: La Naturaleza y sus leyes.
La belleza y perversión de su obra, me acercan al Divino Marques, y lo hago sin pretender entender su mente, sino interpretándolo a mi criterio. ¿Quién podría entender acaso los terrenos de esta mente tan fecunda y deliciosa?!




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