Sabrina Passalía presenta obras de tres series recientes de pinturas desarrolladas entre los años 2007 y 2009. La primera de ellas, inspirada en la obra del Marqués de Sade, remite a la naturaleza humana y sus leyes. Ambos hablan de un Hombre en el que se juegan los aspectos más oscuros y a la vez los más elevados, dando así lugar a lo Sublime dentro de cada uno. Dicho trabajo cede el paso a un conjunto de retratos en los que la propia artista sublima el amor y el odio que mujeres de su propia vida le despiertan… ellas le recuerdan sus propios límites al tiempo que la inspiran al cambio, a ir más allá. Todo esto deriva finalmente en Las reglas del juego, una serie en proceso que, aun cuando en algunos casos remite específicamente a juegos, en realidad refiere a esos juegos de roles instaurados en la vida real, en la familia, la pareja, la sociedad.

Al recorrer estos trabajos, estos diferentes momentos en la obra de la artista, podemos detectar y hasta casi sentir una línea de base que los subyace y unifica. Cada una de las series refleja el particular modo de la propia Sabrina de abordar la naturaleza del hombre y cómo la complejidad de la misma se manifiesta en el quehacer cotidiano de los mortales.
Con tintes metafísicos y reminiscencias de épocas de grandes logias y ritos, su trabajo se torna actual en la medida que da un encuadre a situaciones que aún nos afectan: cómo nos relacionamos con nuestro propio cuerpo, cómo nos relacionamos con el otro, los juegos de poder, las competencias subyacentes, la propia libertad.

Tan dilatada está hoy la relación con aquella naturaleza aludida por Sade y tan mediatizada la relación con el propio cuerpo y con el otro en el tiempo del ciberespacio que, al remitir al entretejido de lazos sociales establecido por cada uno, la artista nos refiere a ese entorno que en algún momento fue para él natural. Hoy el hombre ya no se rige por las leyes naturales sino por las sociales, ya no habita un universo natural, sino uno social. De esta manera se pone en evidencia hasta qué punto cada uno establece su propio “medio ambiente” (afectivo), al punto de tomarlo por algo dado y olvidando así que se trata de un entramado con sus propias reglas del juego o leyes, que es algo cultural. Es así como, al reflexionar sobre los fundamentos en los que se basan las relaciones de este espectro social, Sabrina pone bajo la lupa aquellas mismas leyes de la esencia humana que se manifestaban en la obra del Marqués.

A su vez, y también en concordancia con la obra del reconocido autor, aún cuando el tema principal en estas series son las relaciones entre los hombres, el cuerpo no deja de estar presente y, a través de él, la naturaleza. Hablamos de cuerpos que se desangran, de cuerpos deformes, de cuerpos golpeados, de cuerpos que desean y que son deseados. Hablamos de cuerpos en los que la naturaleza, justamente, está viva y se manifiesta.

Finalmente, no deja de haber un tono de denuncia en su trabajo, tal vez fomentado por lo oscuro de las paletas, lo formal de los escenarios, la rigidez de los rostros. Sin embargo, su obra no se agota en manifestar los aspectos más oscuros de nuestro ser: lo oscuro no llega a ser lúgubre, sino que se manifiesta como positivo desde el momento en que somos capaces de admitir su existencia e incorporarla como propia. Esto es así porque la artista no se asusta ante los pormenores de esa naturaleza innata, la reconoce sórdida y violenta al tiempo que abre la puerta para su sublimación en cada una de sus pinturas. Y lo hace de este modo porque sabe que es desde ese momento que el ser humano puede sentirse completo y llamarse libre.
Florencia Saba, curadora, 2010
Tres series, tres ángulos, tres maneras de abordar la vida. Muchos puntos de vista a veces concatenados, otras veces aleatorios. A veces parecidos y otras disímiles. Fantasías y realidades que componen la diversidad de una sola artista atravesada por su historia.

Sabrina Passalía (Bs As, 1978) plantea historia, presente y futuro en progresión. Monopoliza temas para convertirlos en elementos específicos de su lenguaje pictórico y en una clara intención de evitar el discurso. Desafiando las reglas de la psicología impuestas socialmente, esta serie de trabajos, esta síntesis de imágenes hace hincapié en la dimensión de lo real. 

Una colección de caras se congrega en torno al placer, al juego, a la oscuridad. Señales de invitación, de flirteo, de acción y reacción todas unidas y dispuestas a competir, como única premisa, con el amor. 

Los títulos de las obras, por su parte, afirman el proceso, una elección personal que confronta temores y los pone de manifiesto para sacarlos del terreno de lo ininteligible y convertirlos en cuestiones cotidianas. Y, aunque no se nos develen con nombre y apellido, sus muecas se contagian y sus instantes se perciben. Esta muestra plantea una ruta existencial, la unión de alma y el cuerpo en un espacio físico concreto. 

Natalia Licovich, periodista. 2009
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